jueves, 19 de junio de 2008

Dios no le da cachos a burro

El por qué se me viene a la mente este refrán muy popular en mi país tiene mucho que ver con lo que observo a diario en los medios de comunicación social de este mundo globalizado.

Debo confesar que me da pena ajena ver cómo los personajes famosos, sobre todo en el mundo del espectáculo, que lo tienen todo, por lo menos todo lo que se puede adquirir con dinero, no aprovechan esa oportunidad que se les brinda para hacer algo provechoso con sus vidas.

Si a uno de nosotros, simples mortales, que nos conocen en nuestras casas y de vainas! se nos diera la oportunidad de obtener esas ganancias tan sustanciosas por lo que hacemos, qué no haríamos?

Estudiar la carrera universitaria que siempre hemos soñado y que no podemos pagarnos. Tener nuestra propia empresa o negocio. Comprar la casa de nuestros sueños para darle a la familia un hogar más cómodo donde vivir. Ayudar a los amigos y familiares que estén en peores condiciones económicas que nosotros. Crear una fundación para dar ayuda a los más necesitados del mundo. Y pare usted de contar!

Pero a estos seres privilegiados por Doña Fortuna, no les da la cabeza para pensar en eso, no, qué va! Ellos prefieren gastar lo que ganan en drogas, alcohol y cuánta cosa rara y destructiva les pase por la mente. Tanto que les cuesta subir a la cima, y luego que están allá, bajan de un solo golpe y terminan peor que cuando comenzaron. Es que definitivamente el mundo está al revés y Dios no le da cachos a burro!

lunes, 9 de junio de 2008

La niña de los ojos que ríen.


Era una mañana normal, iba en un carrito de pasajeros para mi trabajo, cuando de repente se cruzó en mi camino. Su madre la llevaba de la mano, ella iba vestida con el uniforme del colegio (pantalón azul marino, camisa blanca y zapatos negros, uniforme de la escuela primaria usado en Venezuela), cualquiera persona podía darse cuenta que ella era una niña especial (así se le llama en Venezuela a los niños que tienen el Síndrome de Down). Era el apoyo de su madre el que la hacía ir por la vida sin miedos porque sabe que mamá siempre estará allí, cuidando de ella, guiándola por el largo camino de su existencia.
Pensé, cúan grande es el amor de una madre, que aún cuando el destino le impone una tarea tan ardua como la de tener un hijo especial, no se amilana ante la adversidad, en cambio se agiganta para proteger a ese ser humano que dentro de sus limitaciones guarda un corazón maravilloso y un mundo muchas veces ajeno al nuestro.
Pensé, también en lo estúpidos que somos a veces los habitantes de este planeta, cuánto nos quejamos y buscamos excusas inútiles para no hacer las cosas ni alcanzar las metas, en cambio para estos seres especiales aprender a mirar a los demás a los ojos mientras les hablan es ya una batalla ganada.
El premio de ese día para mí, fue la sonrisa de una niña de quien no se su nombre, pero que en esos ojos llenos de alegría y amor, alberga toda la felicidad y la ternura del mundo.