lunes, 9 de junio de 2008

La niña de los ojos que ríen.


Era una mañana normal, iba en un carrito de pasajeros para mi trabajo, cuando de repente se cruzó en mi camino. Su madre la llevaba de la mano, ella iba vestida con el uniforme del colegio (pantalón azul marino, camisa blanca y zapatos negros, uniforme de la escuela primaria usado en Venezuela), cualquiera persona podía darse cuenta que ella era una niña especial (así se le llama en Venezuela a los niños que tienen el Síndrome de Down). Era el apoyo de su madre el que la hacía ir por la vida sin miedos porque sabe que mamá siempre estará allí, cuidando de ella, guiándola por el largo camino de su existencia.
Pensé, cúan grande es el amor de una madre, que aún cuando el destino le impone una tarea tan ardua como la de tener un hijo especial, no se amilana ante la adversidad, en cambio se agiganta para proteger a ese ser humano que dentro de sus limitaciones guarda un corazón maravilloso y un mundo muchas veces ajeno al nuestro.
Pensé, también en lo estúpidos que somos a veces los habitantes de este planeta, cuánto nos quejamos y buscamos excusas inútiles para no hacer las cosas ni alcanzar las metas, en cambio para estos seres especiales aprender a mirar a los demás a los ojos mientras les hablan es ya una batalla ganada.
El premio de ese día para mí, fue la sonrisa de una niña de quien no se su nombre, pero que en esos ojos llenos de alegría y amor, alberga toda la felicidad y la ternura del mundo.


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